Sensibilidad y Sensibilización

¿Sensible o altamente reactivo?

Reactividad emocional
Sensible o sensibilizado

En este artículo explicaremos las diferencias entre el término sensibilidad y sensibilización y sus implicaciones para nuestro bienestar.

En los seres animados, la sensibilidad es la facultad de sentir, o dicho de otra manera, la capacidad que tenemos de percibir estímulos del ambiente (sonidos, colores, olores, etc.) por medio de nuestros sistemas sensoriales (vista, oído, olfato, etc.).

Por otro lado la sensibilización es un efecto por el cual la tendencia a responder ante las demandas del entorno incrementa. La sensibilización es un efecto muy útil en caso de las injusticias sociales, y con ella, muchas personas sensibilizadas ante un mismo acontecimiento han logrado cambios sociales importantes.

Pero la sensibilización puede desarrollarse no sólo con las injusticias, puede darse por diversas circunstancias. Una persona puede sensibilizarse más que otra por tener un sistema nervioso más sensible ante las señales que le llegan, puede sensibilizarse por aprendizaje (quizá necesitó incrementar la intensidad de respuesta para lograr satisfacer sus necesidades socio-afectivas, por haber experimentado algún tipo de situación adversa en el pasado que le hace responder con mayor intensidad ante acontecimientos de la misma naturaleza) o por una mezcla de múltiples circunstancias.

Como hemos visto, tanto la genética como el aprendizaje juegan un papel importante en los procesos de sensibilización.

El problema de la sensibilización se da cuando la respuesta ante un estímulo no se ajusta a los hechos en cuestiones de proporcionalidad o efectividad.

Por ejemplo, en los debates televisivos, continuamente se fomenta la sensibilización de respuestas condicionadas ante argumentos con los que no se está de acuerdo, mediante interrupciones, gritos, desprecios e incluso insultos. Y en muchos casos el argumento que ofrecen los “tertulianos” para justificar la falta de educación es el de ser personas muy sensibles.

Puede que ciertamente sean personas muy sensibles y la sensibilidad es un rasgo muy positivo en cuanto a que se correlaciona con una mayor creatividad, captar estímulos que para otras personas les pasan inadvertidos, mayor empatía y mayor riqueza sensorial en general.

La cuestión es que si justificamos nuestras respuestas menos efectivas con rasgos positivos de personalidad, difícilmente vamos a querer cambiar dichas respuestas por otras que se ajusten mejor a los hechos. ¿Quién querría dejar de tener rasgos que nos ofrecen tantas satisfacciones? En este sentido convendría identificarnos más con el término sensibilización.

Una persona puede continuar manteniendo su sensibilidad y los beneficios que ello le genera y al mismo tiempo reducir su sensibilización, porque aunque haya causas genéticas, el ambiente siempre permite márgenes de cambio para influir sobre nuestro sistema nervioso y ampliar nuestra ventana de tolerancia al malestar.

Es cierto que una alta sensibilidad en muchas ocasiones también implica percibir los estímulos de una manera mucho más intensa que en personas menos sensibles, o percibir una mayor intensidad emocional que puede llegar a ser abrumadora o empujar hacia respuestas más reactivas.

Por ello es importante también conocer nuestras limitaciones y no criticarnos o juzgarnos a nosotros mismos por ellas, simplemente aceptarlas tal y como son desde la comprensión, el cariño y con paciencia. Hay circunstancias en las que querer cambiar nuestros patrones de respuesta implica tener expectativas poco realistas basadas en demandas sociales poco flexibles, y ello, bastante sufrimiento nos causa como para además incrementarlo con nuestra propia autocrítica.

La conclusión que queremos ofrecer aquí es que sea cual sea tu sensibilidad, nosotros creemos firmemente que se puede reducir la reactividad emocional (¡OJO! en los casos en los que no es efectiva ni proporcional) mediante la ampliación de la ventana de tolerancia al malestar, sin tener que renunciar a nuestra sensibilidad.

No es algo fácil de llevar a cabo, requiere constancia y paciencia, pero a medio/largo plazo merece la pena.

Recalcamos aquí que todas las emociones tienen su utilidad y en ningún caso se trata de reprimirlas, una cosa es reprimir la emoción y otra muy diferente es transformar la conducta asociada a esa emoción. Lo que se trata es de transformar nuestras reacciones condicionadas, sin reprimir la emoción.

¿Cómo?

En futuros artículos iremos desarrollando estas ideas y ofreciendo estrategias concretas que permitan mejorar nuestro bienestar y conocer mejor nuestros patrones de respuesta.

¿Y tú, eres una persona sensible o sensibilizada? ¿Reaccionas desproporcionadamente de manera habitual? ¿Conoces a personas a las que esta información les pudiera ser de utilidad?

¿Has superado intensas etapas de reactividad?

¿Qué estrategias has utilizado?

Si os ha gustado, ¡no dejéis de compartir y escribir comentarios!

Saludos,

Zentzu Psikologia (http://www.zentzupsikologia.es/)

Gaizka Uceda

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